martes, 29 de septiembre de 2009

Barcelona

Perdonad si toco un tema bastante tópico e incluso agotado como discusión en nuestro país.

Como algunos sabéis he estado en Barcelona unos días pasando allí las fiestas de La Mercè con un par de amigos. Hacía mucho tiempo que no iba, y además de las ganas y la ilusión de reencontrarme con una ciudad cosmopolita, moderna y abierta al mundo (uno de mis amigos incluso la llega a llamar 'La Nueva York de España'), llevaba como tanta gente el casi inconfesable morbillo de comprobar qué tal era la gente en su día a día y cómo nos tratarían. Ya sabéis de lo que hablo, de politiqueo, vamos.

Y lo que he visto es que en pocos viajes anteriores la gente me había tratado tan bien. He visto una ciudad multilingüe perfectamente natural. Gente joven divirtiéndose igual que se hace en toda España (incluyendo, sí, exacto, abusando del alcohol). Bares de tapas en el Passeig de Gràcia y espectáculos de flamenco en las Ramblas. Desfiles de gigantes y cabezudos como los de mi ciudad (aunque con muchísimas más figuras, claro!). Viejecitos bailando Sardana en Plaça Sant Jaume igualitos que los que bailan Chotis en San Isidro. Muchísimos conciertos en cuatro idiomas diferentes, gracias a la asociación Barcelona Acció Musical. No oí a nadie silbar cuando cantantes extranjeros, ajenos a nuestras disputas internas, gritaban '¡Vamos Barcelona! ¡Vamos España!' o cosas similares para animar al público. Una ciudad que palpita y que -mayoritariamente- vive tranquila en su normalidad.

Eso sí: he visto una cantidad parecida de banderas españolas y de banderas independentistas: casi cero (si descontamos los puestos de souvenirs y los edificios oficiales). Teniendo en cuenta que en Madrid he oído a una multitud de estudiantes universitarios (recalco lo de universitario) gritar '¡a por el facha!' y correr detrás de un hombre que portaba una bandera de España, lo de Barcelona me parece bastante decente.

Como dijo Daniel Carbonell, barcelonés y cantante de Macaco, durante el concierto con el que cerraron las fiestas:
Creo que una bandera debería usarse para representar una serie de valores positivos que unieran a la gente. Desgraciadamente, hoy sólo se usan para lo contrario. Nos dividen y nos enfrentan. Dejemos la palabra Revolución para los políticos, y hablemos ya de Evolución. Que no nos vendan más motos.
Y todo esto sosteniendo en sus manos una gigantesca asta de la que colgaba una bandera azul y amarilla. La que los navegantes utilizan para escribir la letra 'K', y para decirse en alta mar: 'Deseo comunicarme'.

2 comentarios:

  1. Nada que añadir. Cuando he estado allí siempre he tenido la misma impresión que tú: en Barcelona se vive con normalidad en ambas lenguas. El resto creo q es un problema creado por los políticos para defender sus intereses. Los de un lado dicen que se aplasta su lengua y los del otro la suya, olvidándose que lo más importante de una lengua (para lo que se ha creado) es para ejercer la comunicación entre personas. Macaco tiene razón.

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  2. Pues si, nos venden en ambos lados unas cosas que no son la realidad cotidiana. Tampoco en el País Vasco va todo el mundo asustado mirando debajo de sus coches ni nada parecido. Tontos hay en todos sitios y gente encantadora también. Siempre que se mezcla la política me parece que se enturbia y se corrompe todo un poco y es una pena, la verdad.

    Nunca me han gustado las banderas porque también me parece que dividen y que cada uno es de un sitio por casualidad. "Tu país son tus amigos, y eso sí se extraña" ( Martin Hache)

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